El Poder de Ser Vulnerables

Piense en algún momento en donde una conversación le haya hecho ponerse a la defensiva. Allí estaba usted, empuñando fuertemente su escudo y su espada, dispuesto y listo para luchar. Puede que alguien le hubiera criticado, o que un colega estuviera en desacuerdo con usted, o quizás alguien hubiera cuestionado sus motivos. Por extraño que parezca, momentos como estos pueden ser una oportunidad magnífica para aprender de los demás, para cultivar conexión y compasión.

Necesitamos tener el coraje de aceptar que somos imperfectos.

La vulnerabilidad es un poder, una fuerza que está en cada uno de nosotros, que no tiene como objeto mostrar nuestras deficiencias o errores, sino la capacidad de reconocer con coraje quiénes somos realmente, así como reconocer la necesidad que tenemos de los demás, de estar conectados, de ser aceptados y comprendidos por otros.

La vulnerabilidad adopta un enfoque radicalmente nuevo al plantear la posibilidad de fracaso no como una debilidad sino como el camino más directo al coraje, el compromiso, las relaciones significativas, y el sentido de la propia valía.

Quizás la vulnerabilidad exija que experimentemos vergüenza, pero no que nos quedemos atorados en ella. Pues en este mundo donde se busca la perfección y el éxito, debemos tener el coraje de aceptarnos como imperfectos, necesitados de los demás para enfrentar las dificultades y salir adelante.

Según Brené Brown, profesora e investigadora en la Universidad de Houston sobre el tema de vulnerabilidad, tener siempre la razón, creer que mi vida está siempre perfectamente controlada, que no tengo la culpa de nada, que tengo la certeza y respuesta para todo siempre, culpar a los demás, es llamado en su investigación como “una forma de evadir el dolor y la incomodidad”.

¿Cómo podemos aprender a aceptar nuestras vulnerabilidades e imperfecciones de manera que podamos ser realmente auténticos?

Necesitamos ser amables con nosotros mismos primero y luego con los otros. Ser amables con nosotros mismos implica asumir que la gente se equivoca, y que somos parte de esa gente. Por eso, cuando usted detecte un error que ha cometido o una cosa de sí mismo que no le ha gustado, trate de analizarlo como si fuera una persona externa, eso evitará que sea demasiado exigente o duro sí mismo.

Necesitamos tener disposición a arriesgarnos, la vulnerabilidad es la partida de la dicha, la creatividad, la pertenencia y el amor.  Permitamos que nos vean, que nos vean en profundidad, amemos con todo el corazón, aunque no haya garantías. Y para que los demás puedan vernos a profundidad, debemos creer internamente que somos capaces, porque cuando trabajamos desde un lugar del “soy capaz”, entonces dejamos de escondernos a pesar de nuestra vulnerabilidad y conectamos con los demás desde la compasión y autenticidad.

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Consideremos también que todos los que se crucen en nuestro camino pueden tener algo muy valioso para enseñarnos (esto incluye revelar nuestras imperfecciones), esto nos permitirá tener un corazón flexible, abierto y dispuesto a crecer.

La frase atreverse a arriesgarse pertenece al discurso de Theodore Roosevelt «La ciudadanía en una república», también conocido como «El hombre en el ruedo», que pronunció en la Universidad de La Sorbona de París, Francia, el 23 de abril de 1910. Éste es el fragmento por el que se hizo famoso:
«No es el hombre crítico el que importa, ni el que se fija en los tropiezos del hombre fuerte, ni en qué ocasiones el autor de los hechos podía haberlo hecho mejor. El mérito es del hombre que está en el ruedo, con el rostro cubierto de polvo, sudor y sangre; del que lucha valientemente; del que yerra; del que fracasa una y otra vez, porque no hay intento sin error ni fallo; del que realmente se esfuerza por actuar; del que siente grandes entusiasmos, grandes devociones; del que se entrega a una causa digna; del que, en el mejor de los casos, acaba conociendo el triunfo inherente a un gran logro, y del que, en el peor de los casos, si fracasa, al menos habrá fracasado tras haberse atrevido a arriesgarse con todas sus fuerzas […]»

Cuando nos pasamos la vida esperando ser perfectos o inmunes antes de salir al ruedo, sacrificamos relaciones y oportunidades que quizás lamentemos, hemos de atrevernos a dar la cara y a dejarnos ver. Aprovechemos cada día de nuestra vida y no le demos la espalda a nuestras aptitudes, que hacen de nuestro ser una persona única y capaz.

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Acerca del Autor

Mónica Segura

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