En algunos hogares los hijos parecen imponer su voluntad sobre la de sus padres al punto de llegar a dirigirlos y manejarlos con facilidad. Esta situación se caracteriza por padres que giran alrededor de sus hijos; les sirven la comida, les limpian y lavan todo lo que ellos deben limpiar y lavar, e incluso en algunos casos, los padres les temen, no les ponen límites y, como consecuencia, muchos hijos se vuelven egocentristas, malcriados, agresivos y desobedientes.
Tipos de crianza
En la actualidad se habla de tres tipos de crianza:

  • La crianza permisiva, es aquella en la que los padres renuncian a su autoridad en la relación con sus hijos y les permiten establecer sus propias normas, límites y restricciones.
  • La crianza autoritaria, en donde los padres asumen un rol intensamente directivo e inflexible en la vida de los hijos y no les permiten respirar ni desarrollarse plenamente.
  • La tercera opción de crianza es la participativa, en la que los padres mantienen la autoridad y brindan oportunidades para incluir la opinión de sus hijos en la toma de decisiones. Como padres debemos dar espacio a nuestros hijos para que comuniquen lo que piensan, y sientan que su opinión es escuchada, pero la autoridad y el manejo de las reglas siempre debe ser un rol nuestro.

Si hay algo que los padres debemos tener presente es que los hijos nunca deben mandar o gobernar en el hogar. El orden ideal es que los padres sean los líderes de sus hijos con el objetivo de guiarlos, enseñarlos, corregirlos, moldearlos y amarlos. Cuando un hijo manda en casa, como consecuencia, tendremos crisis y desorden, pues un niño o un adolescente no tiene la capacidad madurativa ni emocional de asumir este rol y menos de seleccionar cuáles responsabilidades obedecerá y cuáles no.
Los hijos deben tener bien claro que la única forma de hacer lo que desean, sin que nadie les diga nada ni les estorbe con límites o normas, es viviendo solos. Si el hijo tiene los recursos económicos para velar por sí mismo y pagar el lugar en donde vive, lo que come y lo que viste, será en ese escenario en donde podrá obtener la libertad para realizar lo que desea. Pero mientras viva en casa de sus padres debe sujetarse a las reglas familiares.

Los padres debemos velar para que nuestros hijos sean obedientes, esforzados, educados, responsables con sus tareas en casa, como limpiar, lavar, ordenar, etc.; es nuestra responsabilidad enseñarles a cumplir con horarios de estudio, dejarlos asumir  las consecuencias de su comportamiento y enseñarlos a mantener el respeto y el tono adecuado en el trato cotidiano o al expresar disconformidad y enojo. Si permitimos lo contrario, les estaremos delegando la responsabilidad de dirigirse por ellos mismo, los desplazaremos de su rol de hijos y dejarán de esperar de nosotros el amor, la protección y la seguridad que necesitan.

La clave para que un hogar camine en orden y funcione bien es que cada quien tome su rol: el de papá, el padre; el de mamá, la madre; juntos asumiendo un papel de amor, autoridad y formación. Así como el hijo, un rol de hijo que implica obediencia. Esa es la estructura sana, y cada uno tiene la responsabilidad de cumplirla de forma firme y amorosa, sin desconectarse o colocarse en el rol de otro miembro de la familia.

Consejos prácticos para evitar delegar la autoridad a nuestros hijos: 

  • Ambos padres deben estar de acuerdo en las reglas y normas de casa y apoyarse mutuamente en el cumplimiento de las mismas.
  • Escuchar las opiniones de nuestros hijos pero no dejarse influir por rabietas o “berrinches”.
  • Ser coherentes entre lo que exigimos a nuestros hijos y lo que ellos nos ven haciendo. La integridad es una ingrediente esencial para sostener el respeto de nuestros hijos.
  • Delegar las responsabilidades adecuadas según su edad y madurez. No debemos hacerlos responsables de la protección de sus hermanos menores o de tareas que solo son nuestras.
  • Actuar con amor y firmeza a la hora de hacer valer las reglas del hogar.

Papá y mamá siempre deben liderar en la casa. Ese es el orden puesto por Dios y en su sabiduría es lo correcto y lo que funciona.

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Acerca del Autor

Mauricio Mora

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